miércoles, 30 de diciembre de 2009

Gente.


La verdad es que nunca me he parado a pensar por qué la vida es así. ¿Por qué hay personas que pueden resultar tan hipócritas? ¿Por qué todos creen que el perdón cura todos los males que los seres humanos nos provocamos? ¿Acaso si las grandes potencias mundiales pidieran perdón a todas las víctimas de las guerras las cosas se solucionarían?
El mundo es extraño. Y está lleno de gente extraña. Gente alta, baja, regordeta, flacuchas, con ojos claros como una centella u oscuros como un océano a mitad de la noche... Pero el físico no es lo que importa en estos casos. Lo que importa es lo de d e n t r o. Porque hay personas frías, a las que todo le da igual, que tienen un corazón rodeado de hielo seco, de ese que no se funde con el calor. Hay personas crueles, las que solo se divierten con el mal de los demás y que, como debe de ser, se haccen más grandes cuanto mayor odio acumulan. Hay personas hipócritas, que te sacan una sonrisa y por detrás te clavan un puñal infectado con hormigas de fuego. Pero además, hay personas amables, sinceras, cariñosas y respetuosas. Pocas, pero las hay.
¿Qué en qué grupo me meto yo?
Frío, un poquito de crueldad. También sinceridad, amabilidad, lealtad... y un largo íncide de etcéteras.
Pero yo sigo sin entender una cosa: ¿por qué, teniendo cosas tan buenas y bonitas, solo sabemos sacar lo malo de nosotros mismos en la mayoría de las situaciones?
Yo sigo diciendo que el perdón no soluciona nada, ni un abrazo, ni recordar los buenos tiempos. Para mí, la persona que me falle o que me haga daño, desaparecerá de mi vida, la daré por muerta, asesinada o "suicidada". Mi corazón es pequeñito y si le abro las puertas a alguien es para que se quede. No para que a la mínima, todas las mierdas que he cometido en mi patética vida me sean restregadas una y otra vez. Dicha personas dejará de existir para mí.
Mi crueldad, mi frialdad, mi antipatía, mis juegos, mis engaños, mis torturas... todos irán a por esa persona en concreto. Y soy muy competitivo.
¿Por qué soy de esta manera? Ni idea. Supongo que el mundo ha hecho que sea así, que tenga un enorme caparazón contra él. Contra su dolor, sus miedos, sus infelicidades...
Y la verdad es que me gusta ser así. porque gracias a mis cosas malas he encontrado a personas que me hacen sacar lo más bonito que puede haber en mí.


Feliz Año 2010 a Todos. Que todos vuestros deseos se hagan realidad. Y si no se hacen... a seguir soñando toca.

jueves, 24 de diciembre de 2009

Carta a Santa Claus:

Querido y adorado bicho rojo de las Navidades:

¿Te acuerdas de mí? Sí, como olvidarse. Soy el niño que el año pasado te pidió a una persona como regalo de Navidades. ¿Y qué me trajiste? Una absurda corbata roja, unos calcetines, una colonia Don Algodón y 50 euros.
Pero no me trajistes a esa persona, esa que tanto amaba yo. Bueno, en realidad, ahora ese ser humano no me importa mucho. He aprendido a sustituir lo inalcanzable por algo que puedo conseguir... mínimamente.
Lo que quiero para estas Navidades no es un regalo que se pueda meter en una cajita y envolverlo con un papel precioso. Ni es una cosa que valga dinero. No es nada material. Es algo que está dentro de mí. Algo que el año pasado se me rompió, porque jugué demasiado con él. Ya sabes, tengo las manos de mantequilla y todo se me cae al suelo con la consecuencia de acabar estallando en mil pedazos.
Quiero un corazón nuevo.
Sí, de esos que saben amar y querer. De esos que cuando pronuncias un Te Quiero sale desde ahí. De esos corazones tan bonitos que se pintan en San Valentín y que saben a azucar. De esos corazones que muy pocas personas guardan intactos. Yo ya no sé amar. No sé lo que es eso. No sé que se siente y que no se siente. Por eso, y por una persona en especial, quiero mi corazón nuevo. No pido tanto, ¿verdad?
Al menos este año no te he pedido un beso de ninguna persona.

Atte: Zero.


P.D: Como este año no me traigas lo que quiero pagarás las consecuencias, viejo gordiflón -al que adoro, por supuesto-.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Ni ahora soy ni mañana seré.


A fuera está lloviendo. Miro por la ventana empapada y lo único que veo es un mundo que se mueve al compás de un metrónomo oxidado por el tiempo.
¿Y sabes lo que más me duele? Que tú te mueves con ellos, como una marioneta. Sé que no es tu culpa, pero... ¿podrías pararte a mirarme alguna vez de estas? Sabes lo que brillan mis ojos cada vez que te veo. Sabes de la manera que mi corazón late cada vez que tus ojos se posan en los míos. Sabes lo mucho que me atraes, pero... ¿eso que más da?
Tu corazón es ocupado por otra persona y yo no soy nada. Ni ahora soy ni mañana seré. Es una frase que me encantaría que alguien escuchara.
Pero supongo que lo único que quiero es mirarte, hacerte ver que hay más personas en tú jodido alrededor. Que la vida no se queda dónde tú crees. Pero eso es imposible. Es una cuestión de edad, de mentalidad, pero sobre todo... de sexo.
Me gustaría decirte tantas cosas... me gustaría tanto conocerte.
¿Sabes? Me llaman Zero, porque dicen que conmigo todo puede empezar o todo puede acabar. Y estoy empezando a creer en ello.

martes, 8 de diciembre de 2009

This is not a dream.

El otoño empezaba a acabarse. Septiembre pasó, junto con Octubre, pues los dos se fueron a dormir a las once y veinticuatro de la noche. Noviembre, con su bufanda violácea y sus guantecitos a juego se resistía a irse, pero Diciembre, que siempre quería destacar en todo, lo empujó a un lado de la carretera, dejándolo en el suelo, llorando desconsoladamente.
Fuera nevaba con fuerza. Los copitos de nieve que se adherían al cristal se fundían por el calor de este. Y pequeñas gotitas empezaban a recorrerlo hasta terminar desapareciendo en el borde de la ventana.
En el interior de la habitación, el chico se levantó de la silla para coger un librito de la estantería, empapelada con muchas fotos polaroid y frases con mil y una palabras de amor.Lo abrió por la primera página y empezó a leerlo, mientras ella, tumbada en la cama, se miraba las manos y suspiraba, continuamente.
Él la miró y la recorrió con la vista, desnudándola con la mirada. Sacudió la cabeza y siguió con la lectura intensiva.
Ella lo observó por el rabillo del ojo y luego volvió a suspirar, haciendo que el hombre la mirase de nuevo y esbozara una sonrisa torcida, de esas que tanto le gustaban a ella.
-¿Ocurre algo? -susurró, dejando el libro en la mesa.
Ella negó con la cabeza.
El hombre puso los ojos en blanco y se puso encima de la chica, poniendo sus brazos por encima de la cabeza y dejándola inmovilizada.
-Repito, ¿ocurre algo?
-Esto no es más que un sueño, ¿verdad? -intentó besar sus labios, pero él se apartó, jugando.
Él se encogió de hombros y la besó con fuerza, intensidad, pasión. Un beso largo y romántico, haciendo que la chica inspirara aire con fuerza y abriera los ojos al máximo. Mientras, sus lenguas jugaban juntas y sus salivas se intercambiaban.Las manos de él se metieron por debajo de la camiseta de la chica y, lentamente, se la quitó. Ella desabrochó esa camisa negra que tan bien le quedaba y acarició su torso con las manos mientras el hombre mordía delicadamente su cuello e investigaba por zonas prohibidas, haciéndose el sordo a los gemidos de ella.Después de unos minutos de investigación y de juegos, él ya estaba dentro de ella. La chica lo sentía muy bien y por eso se agarraba a sus brazos mientras respiraba entrecortadamente, con la cabeza ladeada y los ojos bien cerrados, para sentirlo todo mejor. El torso del hombre estaba perlado de sudor, al igual que la frente y la espalda. Ella metió un dedo en la boca del hombre y él jugó un poquito, mientras observaba la sonrisa de la chica y su rubor en las mejillas. Era tan preciosa… tan perfecta que temía que se fuera a romper. Por eso la trataba con tanto cariño. Ella, para aquel hombre, era el más bello ser del mundo. Él para ella era su protección, su bastón para caminar, su mundo entero. El centro de su vida y el barco para cruzar cualquier océano. Por eso lo trataba tan bien. Porque si él se iba ella moría.
Dejaron que los minutos pasasen entre gemidos y respiraciones entrecortadas, haciendo el amor, disfrutándo el uno del otro tras estar tanto tiempo "separados".
Cuando todo acabó, ella se acorrucó en el pecho del hombre, que la abrazó con fuerza.
-Qué sueño más bonito...
Él rió.
-¿De qué te ríes?
-De que esto no es un sueño.
-¿Cómo lo sabes?
-Porque siempre que sueño contigo gimes mucho menos que en la realidad.
Un momento de silencio y los dos comenzaron a reírse, ajenos al frío del exterior pues ellos ya estaban bastante... ¿caldeados?

Así fue como Diciembre se marcó un buen tanto, ante la envidia de sus antecesores. Era el mes del frío, de la Navidad, de los regalos, de las buenas comidas… pero sobretodo el mes de la familia y el Amor. Pero lo que él no sabía era que, caminando con actitud chulesca y desgarbada, iba Enero, dispuesto a comerse el mundo entero.

lunes, 7 de diciembre de 2009

¿Pero dónde te metes?

Nee, Kyrd:

Hace tiempo que ni siquiera pienso en tí. ¿Te ha pasado algo? No recibo tus llamadas en mi mente cada cinco segundos. ¡No siento tu frialdad!
¿Sabes? A veces pienso que te he olvidado por completo. Que ya no hay más frío en mi corazón. Sí, ese que te encargaste de rodear con una muralla. Pues ahora no hay una muralla. Solo un cristal. No me des las gracias. Dáselas a Obreros del Corazón S.L. Son geniales; te los recomendaría, pero no me ibas a escuchar.
Oye, Kyrd: ¿Sabes algo de la Señorita Rock&Roll? Hace tiempo que no la veo. Se fue de viaje al Pais de Nunca Jamás y ya no he vuelto a saber de ella. Ojalá tu la hayas visto y hayas podido mirarla a los ojos y verla sonreir de esa manera tan especial.
Por cierto, Dios de los Fríos Desechos, ¿qué tal va ese corazóncito roto por el dolor y el odio hacia las personas? No todas son tan malas. Hay personas buenas... ¡Vale! No me grites. Sé que el yang puede sobre el pobre ying, pero solo es cuestión de alcanzar la perfección en tu orgullo y no ver nada en tu luz, ¿verdad que sí, Kyrd?
Yo no tengo mucho que decirte. Me siento solo. Te echo de menos. Tu frialdad, tu manera de matar con una sola mirada, tu caracter... Todo. Pero a veces me alegro de que te fueras al Submundo a buscar tu verdadero ser. ¿Lo encontraste? ¿Cómo? Mira, las ocho y media de la noche. La hora en la que nos conocimos ese Septiembre. ¿Casualidad? Ni idea, Kyrd.
¿Volverás algún día para que podamos entrenar con las espadas?



Ojalá.

sábado, 21 de noviembre de 2009

El perdón no soluciona nada.

La habitación estaba tímidamente iluminada por las dos lámparas de las mesitas de noche situadas a ambos lados de la gran cama de matrimonio, con soporte de madera y un colchón ni muy duro ni muy blando. A lo lejos, el equipo de música emitía la canción de Disenchanted de My Chemical Romance y, en un tono más bajo, la presentadora del telediario hablaba sobre la muerte de alguien importante para los de su familia, pero indiferente para el resto de miles de millones de personas del mundo entero.
En el salón, él dejó el vaso de whisky en la mesa que tenía enfrente y apagó la televisión desde el botón rojo del mando, dejándolo después a su lado. Miró la pantalla apagada. Se estaba quedando helado: los pantalones vaqueros se estaban empezando a congelar y el frío se colaba por su camisa abierta.
Miró por encima del hombro, observando la habitación iluminada por las lamparitas, que tenía la puerta entreabierta. En su mente aparecía el dilema moral de si entrar y ver como se sucedían las cosas o simplemente quedarse a dormir como cualquier cosa en el sofá, ése tan rojo y cómodo.
Con un largo suspiro, se levantó y entró en la habitación. Se pasó la mano por su pelo oscuro y la miró.
Estaba sentada en al borde de la cama, con la cabeza gacha. Sus cabellos rubios y castaños le tapaban el rostro y por supuesto, las lágrimas que recorrían sus mejillas una y otra vez.
El hombre bajó la mirada y se sentó en el otro borde de la cama, con los ojos cerrados. Suspiró y susurró.
-Lo siento.
Ella no contestó, pues estaba demasiado ocupada en no llorar como una loca y salir corriendo de aquella habitación, ya que el dolor que sentía no se podía arreglar con ningún Lo Siento, pues el perdón no soluciona las cosas normalmente. No cosas como esas, claro.
Él se dio la vuelta, gateó hasta ella y la abrazó por la espada, dándole un beso en el hombro, sintiendo su piel fría contra su pecho ardiente, semidesnudo.
-No quería decir eso, pequeña, de verdad que no quería hacerlo... -desvió la mirada y con la mano hizo que lo mirara.
-Y si no querías decirlo, ¿por qué lo has hecho?
-Porque soy idiota -suspiró y bajó los hombros.
Ella sonrió y se secó las lágrimas con la manga del jersey azul eléctrico que llevaba puesto. Se volvió completamente hacia él y rodeó su cuello con los brazos. Él cogió sus manos y, desenvolviendo el abrazo, hizo que las pusiera en su pecho caliente y, como era de esperar, ella sintió bajo su piel el latido desenfrenado de su corazón.
-¿Te sirve como disculpa? -sonrió con timidez, rodeando la cintura de la chica con sus enormes brazos.
Las manos de ella recorrieron su rostro y se pararon a acariciar sus mejillas, mientras se miraban a los ojos, con dulzura y delicadeza.
-Te quiero... -susurró, bajito-. ¿Tú me quieres?
Él sonrió y negó con la cabeza.
-No, yo te amo -corrigió, antes de fundirse en un beso largo, pasional.
La tumbó en la cama y ella le quitó la camisa, lanzándola con timidez hacia un lado. Él subió su jersey y, después, recorrió toda su figura con las yemas de los dedos, como si aquella chica fuera tan frágil que, con tan solo mirarla, pudiera romperse en mil pedazos de cristal transparente con un toque violáceo.
.
Esa noche fue especial, pues los dos se demostraron su amor. No faltaron por supuesto los suspiros, los gemidos, los arañazos, las risas, los tocamientos y las miradas llenas de fuego. La piel ardiente de él se fundió con el hielo de la suya, formando un extraño ambiente vaporoso en la habitación. Aquella habitación, tímidamente iluminada con dos lámparas, ahora era iluminada por el fuego que ellos dos habían encendido en tan solo unos pocos minutos.
.
Aquella noche los dos se acostaron tarde, pues al día siguiente sería sábado y no había que madrugar, por supuesto.

viernes, 20 de noviembre de 2009

When all you know fall apart.

La lluvia caía en el exterior, en la noche más fría de aquel Diciembre. Las gotas de agua impactaban contra el cristal de la ventana del cristal de aquella casa, impidiendo la vista desde el interior. La habitación estaba desordenada, era caótica. Los libros que habían estado en las estanterías ahora estaban adornando el suelo, con sus páginas arrancadas. Las sábanas de la cama estaban sobre el escritorio y el ordenador que había encima de él estaba roto en el suelo. Los cristales del vaso que él había estrellado contra el espejo, permanecían a los pies de la cama, junto a los restos de una lámpara que jamás volvería a dar luz.
Él estaba sentado en la cama, con una camiseta negra, unos vaqueros y nada en los pies. Sus manos sangraban del golpe con el vaso en la mano. Sus ojos cristalinos ahora eran perlas rubíes, sangrantes, destrozadas. En el colchón se estaba formando una gran mancha rojiza, la cual olía a óxido y a diversos materiales más.
Se abrazó las piernas en la semi oscuridad del piso, proyectando una fea sobra sobre la pared que había a sus espaldas.
Parpadeó un par de veces, conteniendo las lágrimas. Después, con un esfuerzo soberando, se puso de pié sobre el colchón y gritó. Un alarido desgarrador, desolado, amargo, que retumbó varias veces por la casa y que el tamborileo de la lluvia no pudo enmudecer. Las lágrimas corrieron por sus mejillas y cayeron a sus pies como pequeñas esquirlas de hielo, haciéndole daño.
Se dejó caer de nuevo y miró el techo, llorando desconsoladamente, pero sobretodo, en soledad.
Estaba solo y no había nadie con él. Lo había perdido todo de la noche a la mañana. Todo lo que había amado había muerto en una carretera a las afueras de la ciudad, desangrándose tras una fuerte colisión.
Susurró su nombre en el silencio, antes de quedarse inconsciente. Su corazón lentamente se fue parando, entrando en un sueño del que no despertaría hasta la mañana anterior. Era el tiempo muerto, donde los actos no dolías. Era el momento donde un corazón herido de muerte podía poner puntos a sus sangrantes heridas.

jueves, 19 de noviembre de 2009

Aquella mirada castaña...

Día 1:


Ni siquiera sé la razón por la que hago esto. No sé ni el porqué mi mente me ha dejado coger el bolígrafo y empezar a escribir en esta letra cursiva las siguientes líneas. Tal vez porque lo necesitaba, pero solo tal vez.
Me he sentido tan extraño hoy... Cuando he pasado por su lado he vuelto a notar su indiferencia, como una estaca de hielo que se clavaba en lo más profundo de mi corazón. Me ha dolido mucho esa sonrisa dulce que no iba para mí, pero supongo que no importa. Cuando me he alejado de él he sonreído con tristeza y bajado la mirada antes de que alguien se diera cuenta del rubor de mis mejillas. Él es algo tan.... grande, tan inalcanzable para mí, que me encanta. Y nunca me había pasado, y menos con un hombre. Pero eso es lo que menos importa.
Al salir por la puerta de la clase y ser yo el primero, iba pensando en mis cosas: si las cuentas habrían salido bien, en cuantos chicles de fresa me quedaban y en si el Inglés sería un buen futuro.
Pero lo que nunca hubiera imaginado es que él estuviera delante mía, observando como yo me adentraba en mi mundo. Al ver sus zapatos negros y reconocer su suéter morado he levantado la vista hasta encontrarme con la suya. Tras unos momentos en los que el reloj se paró, mis mejillas se ruborizaron por primera vez en mucho tiempo y mi corazón volvió a la vida. No sabía donde esconderme de su mirada divertida, de su risa dirigida a mí, de su inteligencia hacia la situación que había estallado meses atrás en mi mente. Después de unos minutos de desenfreno en mi pecho, él se dirigió a una clase a hablar con una profesora, compañera suya. Entonces pude respirar.
En estos momentos no sé lo que siento. Quizás Eelin tenga razón y todo se pasará y se olvidará. Pero cuesta tanto... Oh diario, tanto...
Ahora ya no pienso demasiado en eso. Solo sé que a él ya no le quedan dudas de mi amor y mi deseo; ese fue siempre mi plan, que lo supiera. Ahora solo pienso, mientras miro con aire triste por la ventana de mi oscura habitación, iluminada por el haz de luz de una vela medio consumida que, tal vez, y solo tal vez, llueva por primera vez en éste mes de Noviembre.


Zero.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Tengo que ser fuerte

Tengo que ser fuerte.

Tengo que ser fuerte.

Tengo que ser fuerte.

No puedo dejar de repetirme esas palabras que a veces pueden significar mucho si te las crees, pero que otras no significan nada si no son algo para ti. No me puedo resistir a visitar los lugares dónde en mi pasado te vi y que mi memoria guardó, mas tengo que dejar de hacerlo pues si no el dolor volverá. El amor es algo peligroso. Puede hacerte feliz o conducirte al destierro si la persona a la que amas no te corresponde.
Sin embargo, hay dos tipos de personas no correspondidas.
-Las que se hunden en el dolor hasta que una barrera anti emocional los rodea por completo.
-Las que simplemente son felices viendo a la persona que aman.
Yo soy del segundo tipo. Sé que nunca me corresponderás y que ninguna de esas miradas castañas será para mí. Se que tus manos no recorrerán mi cuerpo y que mis manos no recorrerán tu rostro. Sé que nuestros labios nunca se unirán y que, por lo tanto, nuestros cuerpos jamás serán uno.
Pero soy feliz, me gusta verte. Amo verte. Haces que mi día se alegre. Con tu mirada de sospecha, con tu silencio al pasar yo, con tu sonrisa pícara y romántica.
Por eso tengo que ser fuerte. Por mi felicidad.

miércoles, 7 de octubre de 2009

And one day...

Puede que un día te pongas a pensar en quién realmente soy. puede que un día me reconozcas.
Puede que un día sepas quien soy.
Y un día... me conocerás, porque ahora sé que no.

viernes, 2 de octubre de 2009

I think I'm falling again

Una simple mirada, un simple gesto. esas dos cosas tan simples puede hacer que se te forme una estúpida sonrisa en los labios. El corazón empieza a latir con fuerza, asemejándose a cuando terminas una carrera de fondo. Y cuando más intentas apartar la mirada de sus ojos más te hundes en ellos. Cuando por fin al fin consigues apartar la mirada te arrepientes de lo que has hecho y te sientes mal, destrozado... y como consecuencia vuelves a mirar.
¿Otra vez me está pasando? ¿Otra vez estoy cayendo a la nada? Espero que no. Quiero creer que no. Pero hace tiempo que pensé que iba a ser fuerte, que iba a resistir ante la adversidad de la situación y así he acabado.
El sentir como todo lo que hay a tu alrededor se para por unos eternos segundos hace que te sientas perdido, desubicado, mareado. Se siente tan familiar que hasta duele. Sentir como caes de nuevo sin poder evitarlo se siente incorrecto y muy doloroso. Sé que voy ha hacer y puede que ya lo haya hecho. Y esta vez si que no tengo ningún motivo para hacerlo.
Y ahora mismo lo único que quiero es desaparecer del mapa y encontrar mis respuestas. No quiero que otras personas se molesten en dármelas, porque lo que voy ha hacer es no escucharlas de demasiado. Quiero mis respuestas y soy yo quien tiene que encontrarlas.
Lo peor es que todavía conservo las esperanzas muy dentro de mí, esperanzas que creía muertas en el camposanto de mi fortaleza rocosa. Todavía siento la luz que me lleva por caminos diferentes, caminos lleno de dolor y tempestades.
Por una vez quiero perder la fe, las esperanzas y la ilusión. Lo que necesito es olvidar, pasar página, ser feliz. pero no quiero olvidar lo que siento porque ha sido algo muy grande para mí. Quizás demasiado. He construido un altar enorme por un amor inalcanzable, error del cual me arrepentiré durante la eternidad. Jamás lo haría por alguien inalcanzable, dije.
Es un error que juré no volver a cometer, pero, como siempre, no he sabido mantener en pie una promesa hacia mi mismo.

lunes, 28 de septiembre de 2009

¿Y ahora qué?

Me paro a pensarlo y obtengo el siguiente resultado:
¿Y ahora qué?





Respuesta: No tengo ni idea.

sábado, 19 de septiembre de 2009

Desear es querer

Siento como la sangre corre a gran velocidad por mis venas. Siento como el aire sale y entra de mis pulmones con más rapidez a cada segundo que la manecilla más fina del reloj cuenta. Siento como el muro de contención que estaba construyendo a mi alrededor de derrumba con más facilidad. Siento todas estas cosas cuando tu piel se roza con la mía, cuando tus ojos clavan su mirada en los míos y cuando tus labios rozan suavemente mi cuello. Ahora, encerrémonos en tu habitación y hagamos cosas que no tendríamos que hacer. Deja que te toque y dejaré que hagas lo mismo. Deja que te desnude con la mirada y con las manos y dejaré que des rienda suelta a tu lujuria. Deja que sienta tu cuerpo sobre el mío y yo seré tuyo desde el principio hasta el final. Deja que esto ocurra esta noche. Desear es querer y querer es poder. Puede que después nos arrepintamos, pero ahora no lo vamos ha hacer. Deja que te ame y que te haga el amor hasta que mis fuerzas se agoten. Soy tuyo ahora. Haz conmigo lo que desees.

Delirios de pequeños anhelos

El simple hecho de que te puedo ver por las calles, paseando tranquilamente, en tu mundo y a tu manera, me hace sentir extraño. El simple saber que tengo la oportunidad de poder verte viviendo tu vida me entristece, porque sé que yo nunca seré parte de ella. Y la verdad, no quiero serlo por una parte. Porque... ¿qué conseguiría siendo parte de tu vida? ¿Tus besos? ¿Tus abrazos? ¿Tu atención? Yo no quiero eso de ti. Lo único que quiero es que me ames de la misma manera en la que yo lo hago, solo eso. No quiero besos, ni abrazos ni muestras de cariño si no quieres. Solo quiero ser esa parte tan importante en tu corazón sin la que no podrías vivir. Quiero que me necesites solo para respirar. Quiero que sonrías cada vez que me veas. Quiero que me quieras. Pero eso nunca se hará realidad. Y tengo con conformarme con una simple mirada, un simple reconocimiento físico y una simple pasividad por tu parte. Tú seguirás con tu vida... pero yo tardaré en seguir con la mía si tú no estás en ella. Aunque ahora que lo pienso... nunca estuviste, solo fueron delirios de pequeños anhelos.

jueves, 17 de septiembre de 2009

Las palabras que nunca diré...



Los pasillos se sienten vacíos sin tí. Las habitaciones no son cálidas ni expectantes. Los rostros no son los deseados. Bueno, las personas no son las amadas. Sigo mirando a través de una ventana para ver si estás ahí, en tu mundo. Sigo volviendo la cabeza hacia las habitaciones para ver si estás dentro, pensando en tus cosas. Sigo buscando tu rostro entre la gente y nunca encuentro nada. Jamás. Y eso duele. Te fijas en unas, en otras... pero ninguna persona eres tú. Y se qué nunca vas a saber lo que te quiero decir, por que ya no estás aquí. Y sé también que nunca me perteneciste. Pero lo que yo siento por tí te pertenece solo y exclusivamente a ti. O al menos... lo que sentía. Las palabras que nunca diré... pertenecen a la realidad.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

¿Quieres un consejo?


No elijas entre las dos personas que más amas.


Al final solo pierdes tú.

¿Qué hubiera pasado?



A veces pienso que hubiera pasado si en ese día en el que entraste por la puerta, por primera vez, no me hubiera fijado en ti. Me pregunto que habría pasado si tú no me hubieras tratado con el cariño y respeto con el que me trataste. Pienso en qué habría pasado si no me hubiera enamorado de tí, en que hubiera pasado si yo te hubiera dejado ir para siempre, como debí hacer hace tiempo. Me pregunto, una y otra vez, que fue lo que pasó para que, desde el primer día, yo fuera 'tuyo' desde el principio hasta el final. Y también me pregunto que es lo que hubiera pasado si nunca te hubieras marchado. ¿Sería yo así ahora? ¿Sería yo quien realmente soy en estos momentos? ¿Seguiría teniendo un corazón sano y no un corazón herido? Dímelo desde mis sueños: ¿Qué hubiera pasado?

martes, 15 de septiembre de 2009

El último beso

Aún recuerdo de la manera en la que nos mirábamos. Aún recuerdo la manera en la que acaricié su mejilla y borré las lágrimas de ella. Recuerdo tu sonrisa y tus ojos castaños, tan tristes, tan destrozados. Pude sentir el pulso en tus venas, como cada vez de hacía menos apreciable. El tiempo se había agotado, pero ahí estábamos nosotros, luchando contra él. Aunque sabíamos que era imposible.
Nos levantamos al mismo tiempo y caminamos alegres, aparentemente, aunque yo sabía que en tu interior estabas muriéndote poco a poco. Frente a un sitio iluminado, te paraste ante mí y cogiste el mi rostro entre tus manos, tan delicadas, tan suaves. Tu tacto aún me sigue electrizando en mis sueños. Y entonces me besaste. Fue un beso largo, p r o l o n g a d o. Pude sentir tu saliva en la mía, tus brazos alrededor de mi cuello, mis brazos alrededor de tu cintura. Saboreé tus labios lentamente.
"Te quiero..." dijiste.
"Yo también" respondí, con un susurro.
Entonces te separaste de mí, con el corazón en un puño, sangrando y dolorido, sin vendas ni tiritas y te despediste con la mano. Yo simplemente me quedé parado, sin saber que hacer, con la mente colapsada por los recuerdos. Y cuando desapareciste en la nada... mi interior se derrumbó. Y fue cuando supe que nunca más, o al menos en mucho tiempo, volvería a ser el mismo de antes.

Pain's Rider




Las colinas de la lejanía permanecían tranquilas. Los cúmulos de nubes negras que se habían interpuesto entre el sol y la tierra amenazaban con descargar toda su furia sobre las devastadas laderas. Los animales habían huido, asustados, hacía tiempo. Las personas habían muerto de pura soledad y tristeza. La luz ahora ya no existía ese lugar. Un rayo iluminó la nada de las praderas, dejando entre ver la figura de un jinete y su caballo. Un caballo oscuro, de crines grises y ojos chorreantes de sangre. Y un jinete que se protegía del viento con una sotana larga y negra. Tenía la capucha echada sobre su pelo, medianamente largo y castaño oscuro. Sus ojos permanecían cerrados.Cuando los abrió, dos fríos y azules puntos se vieron en la oscuridad de nada. Esbozó una sonrisa torcida e indicó a su caballo que siguiera adelante.
-Todavía hay mucho que recorrer -no abrió la boca para hablar, pero su voz se escuchó. Una voz agradable, cálida y amable.Se alejaron por las devastadas colinas del Sur, sin ningún objetivo fijo y menos un lugar.
Él era The Pain Rider, también llamado: Skaip