Aún recuerdo de la manera en la que nos mirábamos. Aún recuerdo la manera en la que acaricié su mejilla y borré las lágrimas de ella. Recuerdo tu sonrisa y tus ojos castaños, tan tristes, tan destrozados. Pude sentir el pulso en tus venas, como cada vez de hacía menos apreciable. El tiempo se había agotado, pero ahí estábamos nosotros, luchando contra él. Aunque sabíamos que era imposible.
Nos levantamos al mismo tiempo y caminamos alegres, aparentemente, aunque yo sabía que en tu interior estabas muriéndote poco a poco. Frente a un sitio iluminado, te paraste ante mí y cogiste el mi rostro entre tus manos, tan delicadas, tan suaves. Tu tacto aún me sigue electrizando en mis sueños. Y entonces me besaste. Fue un beso largo, p r o l o n g a d o. Pude sentir tu saliva en la mía, tus brazos alrededor de mi cuello, mis brazos alrededor de tu cintura. Saboreé tus labios lentamente.
"Te quiero..." dijiste.
"Yo también" respondí, con un susurro.
Entonces te separaste de mí, con el corazón en un puño, sangrando y dolorido, sin vendas ni tiritas y te despediste con la mano. Yo simplemente me quedé parado, sin saber que hacer, con la mente colapsada por los recuerdos. Y cuando desapareciste en la nada... mi interior se derrumbó. Y fue cuando supe que nunca más, o al menos en mucho tiempo, volvería a ser el mismo de antes.
martes, 15 de septiembre de 2009
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